REPORTAJE A CARLOS PELLEGRINI

Y estamos con el doctor Carlos Pellegrini, ex presidente de la Nación, al que en su época, llamaron "piloto de tormentas" porque le tocó hacerse cargo de la presidencia en tiempos muy difíciles para la Argentina.
El doctor Pellegrini integró la fórmula como vicepresidente, junto a Miguel Juárez Celman. Ganaron las elecciones y asumieron el mando en 1886. Pero en 1890 Juárez Celman renunció, y a Pellegrini le tocó reemplazarlo, en medio de los tiros de la Revolución del Parque, con el sistema financiero a punto de quebrar y con el país al borde del default. En dos años de gestión logró sacar al país adelante.
Araceli: Doctor Pellegrini, gracias por aceptar este reportaje.
Pellegrini: Todo lo que os puedo ofrecer es mi manera de ver y apreciar los sucesos, y mi experiencia de los hombres y las cosas de nuestra tierra.
Araceli: Eso es lo que esperamos de usted, que nos ayude con algunas ideas para no equivocarnos en esta etapa que vamos a comenzar.
Pellegrini: Para saber qué camino se ha de seguir, es necesario saber a dónde se quiere llegar. El secreto de la energía y el nervio de todas nuestras acciones consiste en eso. Esa fijeza de objetivo hace imposible las vacilaciones en los momentos decisivos en que van a fijarse rumbos trascendentales.
Araceli: Lo que pasa es que venimos de una campaña electoral muy complicada, que terminó como empezó,mal.
Pellegrini: Por desgracia para nosotros, el final de estas luchas no ha sido siempre tranquilo, y las pasiones enardecidas nos han llevado a excesos que no quiero recordar.
Araceli: Lamento decirle que no se trata de recordar su época. Hoy parece que seguimos repitiendo los mismos errores.
Pellegrini: Nuestro anhelo debe ser que esos finales, que nada favorecen nuestro nombre ni nuestra fama, sean sólo un triste recuerdo del pasado. Y creo que uno de los medios de realizar este anhelo es mejorar nuestras prácticas políticas, dando más escena al pensamiento que a la pasión, tan fácil de exaltar como difícil de contener.
Araceli: Si, eso sería lo ideal. Pero lo cierto es que hoy quedamos lastimados y en una situación en la que, lo mejor, sería mejor superar cuanto antes los enfrentamientos y rivalidades.
Pellegrini: He visto hombres y partidos luchar con apasionamiento, agotar las violencias del lenguaje, apelar a todos los medios para alcanzar el triunfo, y creí que estos hechos labrarían entre hermanos hondos abismos. Pero en día próximo ví a los adversarios unidos en acción común. Los que antes se habían combatido se apoyaban, y el elogio reemplazaba al vituperio. Y este espectáculo, que he visto repetirse, me enseñó que, si bien en las luchas políticas debemos llevar todo el entusiasmo, toda la energía y todo el poder de acción de que seamos capaces, no debemos salvar jamás las vallas del respeto recíproco, ni lanzar palabras irreparables, ni suscitar odios insensatos.
Araceli: Esperemos que hoy sea como usted dice, porque mientras los políticos se pelean, tenemos pendientes cuestiones muy serias: el nivel de desocupación es altísimo, hay chicos que mueren por desnutrición, los jubilados no pueden vivir más con la miseria que cobran, el país no tiene un peso y encima tiene que arreglar su deuda con el exterior.
Pellegrini: Veamos pues, cuáles son las causas que nos ha creado la situación actual y cuáles las dificultades del momento, y una vez que nos hayamos puesto de acuerdo sobre estos puntos, entonces podremos criticar los planes e ideas que se propongan, bajo el único punto de vista admisible, que es su eficacia.
Araceli: Bueno, pero esa es la cuestión, no logramos ponernos de acuerdo. Unos dicen que lo que hoy nos pasa es consecuencia de la deuda externa, otros dicen que es el excesivo gasto del Estado, otros que es una política que no favoreció a las empresas nacionales.
Pellegrini: Antes había partidos políticos. Unos rodeaban al Presidente de la República, y otros lo combatían, cada uno dentro de sus ideas, de sus propósitos y aspiraciones, de sus virtudes, de sus defectos o de sus errores. Hoy, ¿qué hay? Hoy hay un inmenso desconcierto y una inmensa confusión en que la duda embarga la conciencia nacional, en que nadie acierta a conocer ni a fijar el rumbo de la política ni a prever los sucesos del día siguiente.
Araceli: Usted dice que la cuestión no es solamente económica. ¿Cómo describiría usted lo que nos pasa?
Pellegrini: Tenemos una Nación independiente, libre, orgánica y vivimos en paz. Pero nos falta algo esencial: ignoramos las prácticas y los hábitos de un pueblo libre y nuestras instituciones escritas son sólo una promesa o una esperanza.
Araceli: Si, es verdad, desconocemos nuestros derechos y nuestras obligaciones, No conocemos las leyes, y por eso es que se las vulnera con facilidad. Pero, bien, ¿por dónde comenzaría usted a solucionar la cuestión?
Pellegrini: El artículo primero de la Constitución dice que la República adopta la forma de Gobierno representativa, republicana, federal. Y la verdad real y positiva es que nuestro régimen, en el hecho, no es representativo, ni republicano, ni es federal.
Araceli: ¿Cómo es eso?
Pellegrini: No es representativo, porque las prácticas viciosas que han ido aumentando día a día, han llevado a los gobernantes a constituirse en los grandes electores, a substituir al pueblo en sus derechos políticos y electorales. Y este régimen se ha generalizado de tal manera, ha penetrado ya de tal modo en nuestros hábitos, que ni siquiera nos extraña ni nos sorprende.
Araceli: Bueno, lo que pasó en esta campaña política tiene que ver con eso, pero nos dimos cuenta cuando el mal ya estaba hecho. Ahora, ¿por qué dice usted que tampoco nuestro sistema es Republicano?
Pellegrini: Porque los cuerpos legislativos formados bajo este régimen no tienen la independencia que el sistema republicano exige.
Araceli: Pero suele decirse que si el Presidente no tiene mayoría en el Congreso no puede gobernar. Siempre me pregunté cómo se hace para que esa mayoría que apoya al gobierno, a su vez sea independiente.
Pellegrini: Pero ¿qué es lo que se entiende por prestar su apoyo político al Presidente de la República? ¿Acaso ir a recibir órdenes a la Casa Rosada para determinar su actuación en la Cámara?
Araceli: Si, eso es lo que se entendió hasta ahora. ¿Qué, no es así?
Pellegrini: ¡No! Esas son las viejas prácticas humillantes. Esas son las tradiciones y las costumbres del incondicionalismo que no coexisten con la independencia de los poderes, ni se concilian con su dignidad.
Araceli:Y entonces, ¿cómo debería ser?
Pellegrini: Cuando la mayoría de un Congreso apoya la política del Presidente de la República, quiere decir que comparte sus ideales, sus propósitos, sus tendencias políticas y que está dispuesta a concurrir con su voto y su acción, siempre que sea necesario.
Araceli: A ver si entiendo, usted está diciendo que lo que ocurrió hasta ahora es que los legisladores no apoyaron al presidente por sus ideas
Pellegrini: Ese apoyo, obedeciendo sin duda, a la ley de las reacciones, es sólo un oportunismo ultrautilitario, en que cada uno pone precio a su adhesión. Para éste, la presidencia. La vicepresidencia para aquél. El gobierno de Buenos Aires para un tercero. El de Corrientes para un cuarto. Y para los poetas menores las diputaciones. En una palabra, una gran tómbola política, con premios grandes y pequeños, que nos ofrecerá, como única perspectiva, un Gobierno vestido con retazos de todos los colores, sin principios ni fe política, sujeto a condiciones y combinaciones diarias, que lo mantendrían en crisis perpetua.
Araceli: Bueno, si es verdad, eso es lo que sucede. Por eso la gente no hace mucho salió a la calle a gritar Que se vayan todos. Pero tampoco esa es la solución.
Pellegrini: Es necesario que, efectivamente, existan partidos políticos, con programas, con ideas y con tendencias definidas.
Araceli: Pero hoy los partidos políticos están débiles, y unos se echan la culpa a los otros
Pellegrini: Esta es, en verdad y sin pasión, la situación actual: yo no hago responsable de ella a ningún partido, ni a ningún hombre público, porque la responsabilidad la tenemos todos, y por lo que me toca, asumo una parte que me corresponde.
Araceli: Ojalá hoy nosotros pudiéramos asumir la situación igual que usted. Pero, por el momento, seguimos insistiendo en buscar chivos expiatorios.
Pelllegrini: Las libertades políticas, la verdad de las instituciones, como la cultura social o intelectual de un pueblo, no pueden ser la obra de un hombre, ni de un partido, ni de un momento, sino el resultado, más o menos lejano, de una lenta educación nacional.
Araceli: Si, pero ¿cuánto de lenta doctor Pellegrini? Estamos hartos de vivir en esta inestabilidad permanente.
Pellegrini: He visto muchos éxitos rápidos defraudar las esperanzas que hicieron nacer, y he visto llegar con paso seguro a los que trabajaron con constancia y sin impaciencia. Esto prueba que no hay obra útil ni grande, si no la fecunda el trabajo y el tiempo.
Araceli: Tiempo, tiempo, estamos cansados dr. Pellegrini: renuncia un vicepresidente porque dice que en el Senado roban, y no pasa nada ni con el Senado ni con el vicepresidente. Nos ponen de nuevo a Cavallo que no lo podíamos ni ver, después se quedan con nuestros ahorros, después renuncia un presidente con más de 20 muertos en la calle, siguen otros cinco más.Nos llaman a votar con segunda vuelta y vamos, después nos dicen que no hay segunda vuelta, pero que no importa porque total las encuestas le daban un triunfo amplio al presidente que quedó Es mucho no le parece?
Pellegrini: La instrucción cívica de las masas, con la palabra hablada y escrita, con el ejemplo constante y elevado, esa es la gran tarea, y por ese camino llegará nuestra patria a ser moral y políticamente, tan grande, como lo es y lo será por la extensión de su territorio y sus riquezas materiales.
Araceli: Eso es lo que intentamos con esta charla, y con este programa. Instruirnos para que, quienes nos dirigen, cada vez les cueste más imponernos caminos equivocados. Pero para eso, tenemos que aprender a distinguir como sociedad qué es lo correcto y qué es lo errado. Y esa respuesta, como usted dice, la encontraremos en las instituciones y en las leyes. Muchas gracias, dr, Pellegrini, por haber compartido este tiempo con nosotros.

Fuentes
Los textos del reportaje a Carlos Pellegrini fueron tomados de "El panorama político del país", una conferencia pronunciada en el teatro Odeón, el 25 de agosto de 1897; de su discurso en la Cámara de Diputados, el 9 de mayo de 1906 y de su discurso en la colación de grados en la Facultad de Derecho, el 24 de mayo de 1892.