REPORTAJE A JUAN MANUEL DE ROSAS

Nos acompaña don Juan Manuel de Rosas, uno de los personajes más polémicos de nuestra historia, que todavía hoy sigue provocando discusiones y que es querido u odiado sin medias tintas.
Nosotros vamos tratar de conversar con él como es nuestro estilo, intentando tomar lo que pueda servirnos para hoy.
Araceli: Brigadier General, gracias por aceptar este reportaje. Espero, señor, que pueda aceptar las críticas que una parte importante de los argentinos hacen a su gestión.
Rosas: "Nadie tiene el don de ligar los favores de la fortuna a sus empresas. Toda obra de hombres está sujeta a errores. No sería extraño que hubiéramos cometido algunos, pero que no se crea que intencionalmente nos propusimos perjudicar a la buena causa".
Araceli: Descuento sus buenas intenciones. Pero ahora quiero saber sobre los resultados. Quienes lo critican dicen que usted gobernó de acuerdo a su propia voluntad y que no ahorró en crímenes y fusilamientos de sus enemigos.
Rosas: "Hay males necesarios y es preciso marchar sobre ellos buscando el remedio en las oportunidades".
Araceli: Discúlpeme, pero esa idea no me gusta. Yo se que no se debe mirar el pasado con los ojos de hoy, pero no puedo evitar preguntarle ¿era necesaria tanta muerte?
Rosas: "Fue una guerra bárbara la que nos han hecho y a que nos han obligado los salvajes unitarios".
Araceli: ¿Incluida Camila O´Gorman? ¿Es verdad que ordenó su fusilamiento por consejo del dr. Dalmacio Vélez Sársfield?
Rosas: "Desengáñese usted, desde ahora para siempre, cuantos actos observe usted de este gobierno mientras yo lo presida, no vienen de otra inspiración que de mi conciencia. Consulto, discuto, oigo en los negocios y después obro con arreglo a mi juicio, y con toda la independencia de un hombre que se estima en algo".
Araceli: Hay quienes sostienen que gracias a usted se paró la anarquía en el país. Otros en cambio aseguran que usted fue quien retrasó la organización nacional negándose a convocar a un Congreso que sancionara una Constitución. ¿Cuál es su versión?
Rosas: "Después de tanta agitación, de tanta irritación de los espíritus, de tanta lucha de intereses, de tanto choque de opiniones, la primera necesidad de las sociedades es la calma y el silencio. Después de satisfecha esta necesidad y cuando todo vuelva a su quicio, entonces entra la época de la sana razón, y por consiguiente de una buena organización nacional".
Araceli: Pero es al revés. Una Constitución hubiera contribuido a establecer la paz y a fijar las reglas para el país, hubiera establecido mucho antes un gobierno nacional.
Rosas: "El gobierno general en una República federativa no une los pueblos federados, los representa unidos: no es para unirlos, es para representarlos en unión ante las demás naciones. El gobierno general no se ocupa de lo que pasa interiormente en ninguno de los Estados, ni decide las contiendas que se suscitan entre sí. En una palabra, la unión y tranquilidad es la que crea el gobierno general. La desunión lo destruye. Ese gobierno es la consecuencia, el efecto de la unión, no la causa. Y si es importante su falta, mucho mayor es su caída, porque nunca sucede sino convirtiendo en escombros toda la República".
Araceli: Esto es lo que nos pasó hace poco, aún teniendo Constitución. Renunció el Presidente y se produjo una hecatombe.
Rosas: "Observe que una República Federativa es lo más quimérico y desastroso que pueda imaginarse, toda vez que no se componga de estados bien organizados en sí mismos. Porque conservando cada uno su soberanía e independencia, la fuerza del poder General con respecto al interior de la República es casi ninguna, y casi toda su investidura es de pura representación para llevar la voz en nombre de todos los estados confederados en su relación con las naciones extranjeras. Por consiguiente, si dentro de cada Estado en particular no hay elementos de poder para mantener el orden respectivo, la creación de un Gobierno General no sirve más que para poner en agitación a toda la República a cada desorden parcial que suceda, y hacer que el incendio de cualquier Estado se derrame por todos los demás".
Araceli: Usted dice que la cuestión es cómo se organiza el Estado y no quienes lo dirigen.
Rosas: "Fuera de que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el gobierno particular de cada provincia, ¿de dónde se sacarán los que hayan de dirigir toda la República? ¿Habremos de entregar la Administración General a ignorantes, aspirantes, unitarios, y a toda clase de bichos?".
Araceli: Eso es exactamente lo que hoy nos preguntamos todos. Pero en su época había hombres capaces. Estaban Sarmiento, Alberdi, Mitre.
Rosas: "Vimos que la constelación de sabios no encontró más hombre para el gobierno general que a Don Bernardino Rivadavia, y que ése no pudo organizar su Ministerio sino quitándole el cura a la Catedral y haciendo venir de San Juan para el Ministerio de Hacienda a Salvador María del Carril, "el Doctor Lingotes", que entendía de este ramo lo mismo que un ciego de nacimiento entiende de astronomía".
Araceli: ¿Quiere decir, entonces, que para usted tenemos que buscar la solución en las provincias más que en el gobierno nacional?
Rosas: "Entre nosotros no hay otro arbitrio que el de dar tiempo a que se destruyan en los pueblos los elementos de discordia, promoviendo y fomentando cada gobierno el espíritu de paz y tranquilidad. Esto es lento, es verdad, pero es preciso que así sea, y es lo único que creo posible entre nosotros, después de haberlo destruido todo y tener que formarnos del seno de la nada".
Brigadier Juan Manuel de Rosas le agradezco su presencia aquí y que nos haya aportado una idea para pensar una posible salida de la crisis en la que estamos.